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miércoles, 27 de abril de 2011

Indicadores para una sostenibilidad de lo cotidiano - La Ciudad Viva

Excelente post en "La Ciudad Viva"

La sostenibilidad es un concepto complejo, multidimensional y, todavía hoy, discutible y discutido. Por su parte, los sistemas de indicadores tratan de reflejar en un número limitado de datos la expresión sobre el estado de un determinado ámbito como puede ser la economía, la innovación o el mercado de trabajo. Desde hace un par de décadas, ha sido enorme el esfuerzo por establecer sistemas de indicadores (e incluso índices sintéticos) que definan la sostenibilidad.

Se dice de los indicadores que tienen una función comunicativa y de incentivación de comportamientos sociales, entre otras funciones. Siempre pienso en el IPC, un índice sintético, metodológicamente arbitrario y discutible, con un significado complejo, pero aceptado socialmente de tal forma que su aparición en un titular determina automáticamente el reposicionamiento de los individuos y las organizaciones, que toman nuevas decisiones y asumen nuevas preocupaciones o sensaciones sobre el nivel de confianza económica.
Creo que aún falta mucho para que un indicador de sostenibilidad realmente consiga ese influjo que tienen otros indicadores cotidianos (pensemos en el Euribor, el porcentaje de aumento de las ventas de automóviles, el crecimiento del PIB,….) y quizá una de las razones sea que a veces se utilizan indicadores excesivamente complejos para explicar la realidad que el concepto de sostenibilidad quiere transmitir. Para huir de esas complejidades, y para acercar las verdaderas implicaciones de la insostenibilidad del modelo actual de desarrollo, quizá convendría plantearse otro tipo de indicadores, que sean más “significativos” para el día a día. Indicadores que a cualquier persona, sin tener una gran preocupación ambiental o una sensibilidad especial por el futuro colectivo de esta generación ni de las siguientes, le digan algo sobre la calidad de su vida cotidiana relacionada con algunos aspectos de la sostenibilidad. Indicadores que quizá no formen parte de un panel sistémico de indicadores técnicos pero que quizá podrían tener un significado en lo cotidiano.
Se me ocurren algunos de ellos:
  • Porcentaje de la población infantil menor de 8 años que se duerme escuchando un cuento contado por sus padres.
  • Número de microscopios y telescopios vendidos en el último.
  • Porcentaje de la población capaz de reconocer el sonido de más de cuatro especies de aves.
  • Número de políticos que tienen Walden como libro de cabecera (aquí pongan cualquier otro libro que no se imaginan que ningun político actual haya leido).
  • Cantidad anual consumida de antidepresivos, tranquilizantes y somníferos.
  • Número de quads y motos de agua matriculados.
  • Cantidad de litros de agua embotellada consumida per capita.
  • Porcentaje de la población que vive a menos de 20 kilómetros de distancia de cursos fluviales libres de regulación.
  • Porcentaje de la población que en el último año ha echado una siesta debajo de un árbol.
  • Distancia media recorrida por los productos frutícolas consumidos desde su lugar de producción.
  • Relación entre legumbres consumidas y carne consumida per capita.
¿Se imaginan? El telediario abre no con un “la caída de un 15% en la venta de automóviles en el último trimestre preocupa a gobierno, patronal y sindicatos” ni tampoco con un “la subida de los tipos de interés incidirá en la capacidad de ahorro doméstico”. No, un telediario abriendo con un “El indicador de calidad de vida infantil de menores que escuchan cuentos al dormirse cae a sus mínimos históricos”. En otro momento más inspirado se me ocurrirían más indicadores, pro este es el listado que se me ocurr hoy. Muchos otros aspectos significativos de la sostenibilidad de lo cotidiano, de la sostenibilidad de andar por casa, podrían sumarse, es cuestión de que surjan en los comentarios. Hace un tiempo Jorge Galindo planteó muy bien la necesidad de contar con un enfoque cualitativo en los indicadores de sostenibilidad. Este listado es mucho más naif pero, bien pensado, todos ellos hacen referencia a cuestiones que, directa o indirectamente nos hacen más sostenibles o más insostenibles como sociedad. Quizá no valgan ni tan siquiera como cuentas satélites de contabilidad ambiental, pero quizá sí para una cuentas más humanas y más cercanas y comprensibles.

Manu Fernández es analista urbano en Naider y autor del blog Ciudades a Escala Humana.
Imagen tomada de Martino’s doodles en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

lunes, 27 de septiembre de 2010

investorsconundrum.com - El Blog para el Inversor con Ideas Propias - Donde Invertir en Bolsa hoy » En España se construían 800.000 viviendas, ahora 200.000

Visados de nuevas viviendas iniciadas en España (1990-2011, fuente: UBS).


Hay quien afirma que hay en España 1 millón de viviendas a la venta, otros se atreven incluso con la monstruosa cifra de 3 millones. Lo cierto es que nadie lo sabe a ciencia cierta. Las estadísticas oficiales sobre vivienda son quizás las menos fiables de todas las que se publican.
Lo que si sabemos es que en España se construía durante los años 2000, en el último decenio, unas 500.000 a 600.000 viviendas anuales nuevas de media, llegando a las 800.000 viviendas en 2006-2007, y ahora unas 200.000 y no queda claro cuantas serán en 2010.
Este elevado volumen suponía de 3 a 4 o 5 veces mas que la mayoría de países europeos. Solo en Estados Unidos, con una población de 305 millones de habitantes, se construían en medio de la euforia de estos últimos años, cerca de 2 millones de vivienda que ahora ha descendido hasta unas 600.000.



Permisos de construcción de viviendas en Estados Unidos, Francia y España (1996-2009, fuente: UBS).


Os vuelvo a publicar el excepcional gráfico interactivo publicado en la Web casastristes.org, con los datos anuales desde 1997 en España y Europa.
En un país como Francia cada año se ha construido la mitad que es España. En Alemania en 2006 por ejemplo se construyeron 216.580 viviendas nuevas, y en Suecia en 2006, 44.900 viviendas
No parece pues que el ajuste inmobiliario en España se pueda hacer ni en 3 ni en 5 años……… Quizás la única solución seria invitar a alemanes, franceses, y suecos a vivir en España, ya que ellos no han construido mucho, claro que cuando se enteren del precio de venta en España, creo que dirían, “de acuerdo pero un 50% menos y me lo pensaría”.

lunes, 28 de junio de 2010

¿Hacen falta más presas? | CONSUMER EROSKI

España es el primer país del mundo en número de presas por habitante y por km2 y el quinto en cifras absolutas después de China, EE.UU., Japón e India. Tiene unas 1.300 presas repartidas por todo su territorio, con un volumen de agua de 56.400 hectómetros cúbicos para abastecer a los 45 millones de habitantes y 55 millones de turistas. De este total, 990 entran en la categoría de la Comisión Internacional de Grandes Presas: superan 15 metros de altura o almacenan más de 100.000 metros cúbicos de agua.
A pesar de estas cifras, el CNEGP considera que España necesitará 50 presas más para hacer frente a los posibles problemas que pueda ocasionar el cambio climático. Se estima que este fenómeno aumentará el riesgo de precipitaciones más intensas combinadas con periodos más largos sin lluvia. Esta tendencia provocará sequías e inundaciones más extremas y frecuentes. La sedimentación en los ríos, a su vez, ha causado una importante merma en la capacidad real de los embalses, en algunos casos, de hasta el 50%.
Los defensores de las presas aseguran que las últimas lluvias torrenciales registradas en España han demostrado la importancia de estas infraestructuras para paliar ese problema. Gracias a su efecto en la regulación de las crecidas de los ríos, explican, se han evitado importantes daños materiales y se ha reducido el riesgo para los ciudadanos.
La capacidad de almacenar agua, un recurso cada vez más valioso, tanto para consumo humano como para la agricultura, es otra de las principales razones esgrimidas. Se construyen 36 nuevas presas y dos de las actuales se recrecen para aumentar su capacidad. Se estima que tras estas obras la capacidad total de España se elevará hasta 62.770 hectómetros cúbicos, un 11% más que el volumen actual.
Las grandes presas cuentan además con otra serie de beneficios para la sociedad, según sus defensores. Con ellas se reduce la dependencia de los combustibles fósiles de España, ya que es una fuente de energía renovable que evita al mismo tiempo la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2). La tecnología de las centrales hidroeléctricas reversibles permite también aprovechar la energía generada en sistemas eólicos o solares, que no se puede almacenar. El excedente energético es aprovechable para bombear el agua y crear energía hidráulica.
Junto con el aumento del número de presas, sus responsables señalan que es necesario cuidar las actuales. Se recuerda la antigüedad de estas infraestructuras y, si bien se matiza que su seguridad está garantizada, es preciso someterlas a controles exhaustivos.

Argumentos en contra de las presas

Los detractores de estas construcciones recuerdan su impacto ambiental y sostienen que en España se deberían demoler algunas. La organización conservacionista WWF, a través de su campaña "Liberando Ríos", reclama el derribo de casi un centenar y señala 20 grandes presas para una primera fase: unas cuentan con licencia caducada, como las de Molló (Cataluña), Bujioso (Castilla-La Mancha) y Barbellido (Castilla y León), otras están en estado ruinoso, como la de A Baxe (Galicia), y las hay que afectan a espacios protegidos, como la de Las Librerías (Castilla-La Mancha).
El informe analiza el estado de las grandes presas en España y más de 7.000 pequeños obstáculos en el transcurso de los ríos, como diques o azudes. Los expertos de WWF identifican las instalaciones que deberían demolerse por estar obsoletas, en ruinas o causar un grave impacto ambiental. De tener que hacer alguna, subrayan, se debería construir fuera de los cauces de los ríos y cerca de los consumidores para su abastecimiento. En cuanto a la posible ampliación del número de presas, sus propios defensores reconocen que los sitios más idóneos están ocupados y habría dificultades para buscar nuevos emplazamientos.
Ecologistas en Acción subraya que estas grandes infraestructuras han afectado al 20% de los espacios protegidos españoles y han causado la pérdida de importantes ecosistemas, pueblos, vegas de cultivo, paisajes singulares y construcciones de alto valor cultural. Al convertir los ríos en meros canales de agua, explican, se han alterado los procesos naturales de autodepuración de las aguas, erosión, transporte y sedimentación, y han provocado la infertilidad de deltas y valles. Desde la asociación Ríos con Vida se afirma que en España no queda ninguno de los grandes ríos como ecosistemas que fueron. Según WWF, la eliminación de presas no sólo posibilita la restauración de hábitats dañados, sino también la generación de empleo sostenible. En la mayoría de los casos, aseguran, es más barato derribar una presa que mantenerla o repararla.
Los críticos recuerdan que en la actualidad se utilizan otras alternativas como sistemas de gestión del agua. En EE.UU. hace tres décadas que ya no se proyectan grandes presas y se han demolido más de 700. Según los expertos de WWF, el objetivo principal es recuperar el equilibrio natural de los ríos y los acuíferos y los servicios ambientales que proporcionan. Recuerdan que la Directiva Marco del Agua, aprobada por la Unión Europea, obliga a eliminar los perjuicios ambientales que se ocasionan en este medio, como el caso del salmón, que no puede alcanzar sus lugares de desove.
Los expertos también destacan que para controlar las crecidas puntuales de los ríos, los embalses no pueden estar llenos. Durante este año se ha tenido que soltar agua de los embalses, de manera que se han provocado algunas inundaciones controladas en los campos de sus alrededores.

lunes, 7 de junio de 2010

En la ciudad hostil | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte

Qué repelús me dan los talibanes, pardiez. Incluso -éramos pocos y parió la abuela arquitecta- los que trabajan sobre una mesa de diseño y tienen un diploma colgado en la pared. Recuerdo, y supongo que ustedes también, cuando Madrid era una ciudad para caminar por ella, sentarse en sus plazas y tomar el pulso a la calle y la vida. Qué tiempos. En algunos lugares, incluso, había árboles. En vez de eso, los espacios abiertos que hoy se ofrecen a quien se mueve por la capital de España son áridas superficies pavimentadas, suelos extensos de piedra seca y dura, plazas desprovistas de sitios para sentarse, explanadas hostiles sin sombra ni resguardo: simples lugares de paso concebidos para que el transeúnte circule sin detenerse, negándole todo descanso o comodidad. Remodelación del espacio urbano, lo llaman. Adecuación a los nuevos tiempos. Nuevo concepto de ciudad, y tal. Etcétera. En los últimos años, Madrid se ha convertido en descarado campo de experimentación de la línea recta y los espacios desnudos. Todo despojo y simplificación tiene aquí su asiento. Y su financiación. Con el pretexto de quitar sitio a los vehículos para dárselo a los ciudadanos, el ayuntamiento local se ha arrojado, sin pudor, en brazos de los arquitectos radicales, fanáticos implacables del minimalismo urbano y el concepto de ciudad como gigantesca vía de paso orillada por locales comerciales, donde la única función del espacio abierto es encauzar masas de compradores de tienda en tienda, con el bar o la cafetería como único descanso. Este afán por convertir al ciudadano en cliente de movimiento continuo, negándole todo reposo gratuito, raya en la infamia. Ausencia absoluta de jardines, llanuras de piedra, inmensos suelos de granito decorado por miles de chicles pegados en él. Gente sentada en el suelo, ni un solo banco, algún asiento individual aislado, vergonzante. Señoras embarazadas, personas de edad, caminantes fatigados, turistas al filo de la deshidratación, vagan por esos páramos enlosados como hebreos por la península del Sinaí, sin hallar un punto donde reposar un momento, reponer fuerzas, dar de mamar al niño o echar un cigarro. Es, al fin, la ciudad dura, seca y fría soñada por quienes no la habitan, impuesta a la fuerza, sin consultar a nadie, entre cuatro fanáticos de la desnudez urbana y sus cómplices municipales encantados de salir en la foto, encandilados como bobos catetos ante los desafueros avalados por la autoridad arrogante, autista, de cualquier firma de prestigio. Porque una cosa es cambiar el modelo de ciudad, adecuándolo a los nuevos tiempos, y otra triturar cuanto huela a tradicional, ajustando los espacios urbanos a la dictadura de lo lineal y lo vacío. El vecino, el transeúnte no apresurado, quien se demora en el paso y la vida, son lo de menos. No cuentan. Y en los sitios más afortunados, cuando hay donde sentarse, el paisaje no invita en absoluto: ni una sombra, ni un árbol, ni una planta. Hormigón por todas partes, bloques de granito sin respaldo en lugar de bancos, de manera que a los cinco minutos debes levantarte con los riñones hechos cisco. En otros lugares, ni siquiera eso. Si eres joven puedes sentarte en el suelo. Si no, a lo legionario: marcha o muere. Y las explicaciones son de un cinismo delicioso: el mobiliario urbano obstaculiza el paso, facilita el botellón y permite que se instalen vagabundos y mendigos. Eso lo dice, sin ruborizarse, el Ayuntamiento de una ciudad que es un inmenso botellón permanente, y donde vagabundos y mendigos venidos de toda Europa, nueva corte hispana de los milagros, acampan por centenares donde les sale del cimbel, lo mismo en mitad de una acera transitadísima que atestando los soportales de la Plaza Mayor o los pasajes subterráneos. Una anécdota final. Cuando la remodelación, hace un par de años, de la explanada situada entre el museo del Prado y el claustro de los Jerónimos, la Real Academia Española, situada en la esquina con la calle Felipe IV, recibió una petición de los arquitectos responsables y del Ayuntamiento para que árboles y arbustos que adornan el jardín decimonónico de la Docta Casa fuesen talados o reducidos de tamaño. Porque, cito de memoria, «rompían la armonía y las líneas limpias de la nueva ordenación urbanística». O algo así. Tan osada e imbécil petición fue discutida en el pleno de los jueves -entre intensas muestras de hilaridad y choteo de los académicos, por cierto-, y la conclusión final, resumida en corto y claro, fue que se mandara a los solicitantes a hacer puñetas. «Si de armonía se trata, que planten árboles ellos», dijo alguien. Y allí sigue, orgullosamente intacto. Nuestro pequeño jardín.

domingo, 2 de mayo de 2010

El desafío de la convivencia · ELPAÍS.com

La ciudad es el sitio donde muchos hemos ido para encontrar otra vida. En las ciudades indias la gente viaja en autobuses parecidos a los de Londres. Allí coinciden el gopi, la persona que lava los pies, y el prestamista. Provienen de estratos sociales distintos. En un pueblo jamás llegarían a hablar. Pero en el autobús urbano se tienen que sentar uno al lado del otro. Eso es lo maravilloso de las ciudades. Gandhi intentó desesperadamente abolir el sistema de castas. Y el autobús, sin ningún objetivo político, lo ha conseguido. Por eso las ciudades son lugares de esperanza". Habla Charles Correa. El arquitecto que diseñó Navi Mumbai, la nueva Bombay para dos millones de habitantes, asegura que lo peor del urbanismo actual es "que el poder político utilice suelo urbano para financiarse". Esa lacra mundial está cambiando las ciudades. Y el mundo.
Vivimos en un mundo urbano. Con más de la mitad de la población del planeta asentada ya en áreas metropolitanas, nada parece poner freno al crecimiento de las ciudades. Para 2050 se espera que el 70% de la población mundial sea urbana y que sólo el 14% de los habitantes de los países desarrollados viva en el campo. Lo ha contado Anna Tibaijuka, directora del Programa de Asentamientos Urbanos (Habitat) de Naciones Unidas, en la presentación del último informe sobre el Estado de las ciudades del mundo, en marzo en Río de Janeiro. El estudio describe un panorama preocupante: las ciudades se han convertido en paisajes contradictorios en los que la tradicional tierra de oportunidades convive con el terreno abonado para las desigualdades.
"En las ciudades hay desigualdad porque el sistema global que las rige vive y se alimenta de la desigualdad", sostiene el antropólogo Manuel Delgado. El autor de La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del 'modelo Barcelona' considera que, en la urbe capitalista, la desigualdad no es un accidente, sino "el elemento consustancial que permite hacer de ella un factor de enriquecimiento de una minoría a costa del trabajo y de la miseria de una inmensa mayoría". Y asegura que lo que explicaba Engels cuando reflexionaba sobre el Londres de mediados del siglo XIX no ha cambiado demasiado. "Más bien, se ha agudizado". Así, las desigualdades persisten y aumentan. Pero las ciudades no dejan de crecer.
Tras la primera década del siglo XXI, las grandes urbes de los últimos años se perfilan ya como las futuras megarregiones de la próxima década. Y los 135 kilómetros comprendidos entre Hong Kong y Guangzhou, en China, como la región metropolitana más poblada del mundo con 120 millones de habitantes. El doble de los que se calcula que pueblen en 2015 el eje Nagoya-Osaka-Kyoto-Kobe en Japón y el triple de los habitantes de la región que se extiende entre Río de Janeiro y São Paulo hoy.
Estas ciudades sin límite son ya un hecho, un problema real. Y aunque la mayoría de los urbanistas consideran más sostenibles los modelos de metrópolis que concentran a la población y permiten ahorrar en transporte, el hecho de que el 18% de los habitantes de la Tierra viva en una diminuta fracción del planeta –la que ocupan las 40 megarregiones del mundo– es difícilmente sostenible social y económicamente.
La mitad de la riqueza universal se acumula hoy en 25 ciudades. Hasta la riqueza del campo parece haber dejado de brotar de la tierra y proviene ahora de los envíos urbanos que llegan desde esas megápolis. En ese marco, cuando el 66% de la actividad económica del mundo y el 85% del desarrollo tecnológico y científico se ubican también en las nuevas megarregiones, ¿tiene remedio la expansión urbana sin límites?
"La ciudad es un atajo eficiente para adquirir la equidad", asegura el arquitecto chileno Alejandro Aravena. "En los indicadores de cualquier ámbito, la ciudad lo ha venido haciendo mejor que el campo desde siempre. Por tanto, cuanta más gente se mueva hacia la ciudad, mejor. El problema es que acabamos de cruzar un umbral en el que este proceso se magnifica y no hay conocimiento suficiente para contestar a la pregunta de cómo hacer ciudades a la velocidad y a la escala que se necesita". Delgado lo ve de otra manera. Cree que las ciudades son casi siempre demográficamente insuficientes: "Eso implica que son, por definición, heterogenéticas, es decir, se nutren de poblaciones que llegan hasta ellas para garantizar su simple supervivencia. Por supuesto que llegan a ella poblaciones empobrecidas, pero no es sólo porque éstas necesiten desplazarse para sobrevivir, sino porque las propias ciudades, y el mercado de trabajo formal o informal que suponen, las atraen".
También el urbanista Miguel Ruano, autor del libro Ecourbanismo, considera que el crecimiento es inevitable. E imparable. "Será difícil dar con un modelo que sea tan atractivo como el que, a pesar de todo, ofrece la gran ciudad. Desde su aparición han sido atractivas. Lo que sucede ahora es que el proceso mundial de urbanización de la población se acelera y los atractivos de los modelos alternativos, como la vida rural, no logran alterar esa tendencia. Los modelos productivos en agricultura, industria y servicios favorecen la acumulación de población (y de capital) en grandes centros urbanos", explica. Pero el director del Observatorio de la Urbanización de la Universidad Autónoma de Barcelona, Francesc Muñoz, disiente: "Es verdad que existe una tendencia mecánica de la ciudad al crecimiento, pero ese crecimiento se puede modelar para conseguir ciudades mejores. Que el 70% de la población sea urbana no implica que todos vivan en ciudades (con plazas, oficinas y mercados). Viviremos en entornos urbanos: territorios urbanizados que no son ciudad en toda su extensión". Y es ahí donde Muñoz ve el gran reto de la década: transformar en ciudad real "todos esos fragmentos del planeta ya urbanizados, pero no urbanos". ¿Cómo urbanizar lo construido?
El antropólogo francés Marc Augé, que acuñara el término "no lugar" para describir los nuevos espacios públicos urbanos (centros comerciales, aparcamientos), lo pregunta de otra manera: "¿Cómo conciliar la pertenencia a las redes globales y la vida local?". Y asegura que la solución sólo puede ser política. "Europa podría encontrar dentro de sí la oportunidad de crear modelos ejemplares. ¿Cómo? Haciendo uso del sentido más noble del término política". Es decir, la ciencia, o el arte, que ambiciona gobernar un país, y no la mera lucha por acceder, o permanecer, en el poder. Augé no habla del partidismo al que estamos habituados. Y del que estamos hastiados. Su idea, ¿ideal?, es mejorar las polis con políticos con el nivel y la ambición para lograrlo.
El problema de la ciudad sin límite arranca de la búsqueda del bienestar que lleva a intentar conseguir alquileres más baratos y más espacio por menos precio o a asociar lejanía del centro urbano con menor contaminación, sin que quienes eligen trabajar en la ciudad y vivir en las afueras reparen en cómo ellos mismos contribuyen a la polución con sus desplazamientos diarios. "La idea del lujo urbano fuera de la ciudad está invadiendo el planeta y convirtiendo las urbes en ciudades sin fin", considera Eduardo López-Moreno, coautor del nuevo informe de la ONU que sostiene que las ciudades sin límites territoriales son un síntoma de que algo no funciona. "Requieren recursos energéticos y transportes que las hacen insostenibles". Por eso él recuerda que "las ciudades más prósperas no son las más extensas ni las mayores, sino las que reducen las desigualdades entre su población". ¿Cómo lograr ciudades menos desiguales?
Francesc Muñoz contesta sin dudarlo: "Lo que contribuye a eliminar la desigualdad es la capacidad de la ciudad para vincular la política económica y urbanística con las políticas sociales". Todo lo contrario de lo que hacen los gobiernos que teme Charles Correa, los que utilizan el suelo urbano para financiarse. Es cierto que no se le puede pedir a la política urbanística que resuelva problemas sociales, pero sí deberían diseñarse políticas sociales que aminoren los efectos de las políticas urbanísticas que expulsan a amplias poblaciones urbanas durante procesos de renovación. Charles Correa, que ha trabajado en varios continentes, lleva toda su vida ocupándose del problema de la vivienda. Y tiene claro que la pobreza no es un problema arquitectónico. "Pero la manera en que los pobres viven en la ciudad, sí. En el campo, uno, por pobre que sea, no se deshumaniza. En la ciudad, sí", razona. Tal vez por eso no sorprenda que una de las primeras propuestas que hizo cuando, en1985, el primer ministro Rajiv Gandhi lo nombró responsable de la Comisión Nacional de Urbanismo fuese construir bancos en los que los recién llegados pudieran dormir temporalmente. Nunca los hicieron. "Hoy la invención no está de moda en arquitectura. Un arquitecto, como un ingeniero, debe inventar. Estamos viviendo el éxodo a la ciudad. Y la ciudad, que tiene grandes ventajas, no ofrece una pobreza digna. Hay que solucionar ese problema".
Las expansiones sin límite de las ciudades generan barrios residenciales de baja densidad, desiertos durante el día y sin apenas vida vecinal, que pueblan vastas regiones metropolitanas. En ese contexto, Muñoz, autor de un título elocuente, Urbanalización, que narra el deterioro de diversas ciudades, urge a repensar el papel del parque junto a esas casas con jardín. Fenómenos como las country villas de México o las gated comunities de Washington dibujan guetos en medio de un paisaje repetido, clonado e inseguro. "Ese encapsulamiento es, por definición, la negación de la vida urbana y ciudadana", explica. Pero Delgado advierte del peligro de concentrar los esfuerzos en evitar los guetos: "El discurso de la 'lucha contra los guetos' se está convirtiendo en uno de los argumentos centrales con vistas a justificar la renuncia a políticas de vivienda social en Europa y, especialmente, en nuestro país".
El crecimiento de las ciudades aumenta los asentamientos ilegales. Hoy, más de 1.000 millones de personas viven en suburbios con infraviviendas. ¿Por qué los gobiernos de las ciudades no son capaces de generar viviendas dignas? "Lo de las viviendas dignas para todos sólo sucede cuando la sociedad decide que ese es un tema importante y la riqueza se reparte con más equidad", explica Miguel Ruano, asentado en Londres desde hace 12 años, al tiempo que recuerda que Barcelona tenía chabolas hace tan sólo unas pocas décadas. Y Madrid hace menos. Aunque hoy queden ya muy pocas.
"Desde que, con el capitalismo, las viviendas pasaron a ser un bien no sólo de uso, sino también de cambio, el acceso de una mayoría de la población a la vivienda pasó a ser un capítulo más de las políticas sociales", explica Muñoz. La capacidad de movilidad de la población en el territorio y la pobreza galopante en una parte del mundo hacen que el flujo migratorio no cese, y eso se traduce en acuciantes necesidades de vivienda que los Estados no aciertan a resolver. Por eso, el chabolismo alcanza dimensiones espectaculares en las ciudades del llamado Tercer Mundo. "Pero no es del todo ajeno a las sociedades llamadas avanzadas", advierte Muñoz. Además, "en las ciudades europeas –y, por supuesto, en las españolas– existe un auténtico barraquismo invisible que sirve para acoger a una población procedente de la inmigración que no encuentra alojamiento y ha de acomodarse en todo tipo de infraviviendas que no se ven, pero que están ahí: pisos patera, pensiones clandestinas o camas calientes...", señala Manuel Delgado.
Si la ciudad industrial engendró una cultura urbana inspirada en la fábrica y el tránsito, la ciudad posindustrial podría haber creado una cultura derivada de la tecnología y la experiencia de la velocidad que ha cambiado la forma de las ciudades, pero no su esencia. ¿Cómo son las urbes de la era global?
Si uno pudiera, como en Star Trek, ser tele-transportado instantáneamente por muchas ciudades del mundo, a menudo no sabría decir dónde se encontraría, ni siquiera en qué país, excepto por el idioma en el que están escritos los anuncios de las omnipresentes marcas globales: Coca-Cola, Ford, Nokia, McDonald's… Desde Bangkok hasta São Paulo, pasando por la periferia de París o los suburbios de Bombay, la homogeneización de la globalización urbana es un fenómeno evidente hasta para el observador menos atento. "Curiosamente, esa uniformización se produce tanto en el ámbito de las residencias de los ricos, influenciadas por el modelo suburbano estadounidense o por el penthouse neoyorquino, como en las chabolas de los pobres, construidas siempre con los materiales más baratos y, por tanto, similares en todo el planeta", explica Ruano.
No se trata sólo de que Hermès y Zara compartan las avenidas principales del mundo, parte del problema estriba en que la escala del turismo global y el consumo visual han redibujado las tradiciones de lugares y paisajes impulsando la aparición de ciudades ficticias. Venecia es un claro ejemplo.
A comienzos del siglo XX, varios barrios del mundo con canales y puentes recibieron ese nombre. Hay uno en Los Ángeles, y España tiene otro al sur de Valencia. También recibió el nombre de la ciudad italiana un casino de Las Vegas con un palacio ducal, góndolas y una réplica del puente de Rialto de cartón piedra. La clonación forma parte del nuevo espectáculo del turismo con sed de circo y bibliografía de libro Guiness de los récords.
Así, la naturaleza replicante funciona como atracción turística sin dañar el original. Aunque, tal vez, difuminando su referencia. De la misma manera que hay zapatillas de marca e imitaciones, hoy existen ciudades de imitación y un turismo curioso dispuesto a degustar los nuevos espectáculos al grito de "hay que verlo". Así, son muchas las ciudades que se preparan más para recibir a los turistas que para facilitar la cotidianidad de sus ciudadanos.
Las personas cambiamos las ciudades. Pero las decisiones políticas las hacen. Hace 10 años, Dubai era poco más que un desierto. Hoy, la ciudad vive del negocio inmobiliario. ¿Qué cambiará en las ciudades del mundo la próxima década? La mayoría de los urbanistas concentran las opciones de futuro entre rehacerse o expandirse. La transformación urbana en el centro y la dispersión de actividades y residencias en la periferia dibujan la ciudad de mañana. "Elitización y suburbanización", resume Francesc Muñoz. "Continuarán la intensidad del reclamo turístico en los centros históricos y el cambio cultural y racial en muchos barrios, consolidado a partir de las migraciones globales", augura. Mientras, en las ciudades crecientes, la dispersión de la urbanización continuará la próxima década. Esta tendencia hacia un campo urbanizado convivirá con el ensayo de nuevos crecimientos más sostenibles y mejor integrados con el transporte público". En ese sentido, Muñoz y Ruano consideran prometedoras experiencias como la de Curitiba, en Brasil, y ven preocupante que las metrópolis de América del Norte no consigan deslindarse del uso indiscriminado del automóvil. "Cuando lo consiguen es para abrazar ejercicios de tematización tipo Celebration [la ciudad idílica levantada por Walt Disney en Florida]", señala Ruano.
A la ciudad que reinventa los atractivos de su centro histórico, o a la que expande ilimitadamente su periferia, Charles Correa opone un tercer modelo: la ciudad con varios centros. Algo parecido a recuperar la vida de barrio. "A pesar de que cualquier ciudad, como ocurre en Bombay, crece a gran velocidad, los núcleos que más están creciendo son los pequeños. Si eso sigue sucediendo, si la gente sigue llegando a partes distintas de una misma ciudad descentralizada, o con varios centros, la ciudad funcionará como una suma de ciudades. Bombay es una ciudad policéntrica. España es más policéntrica que Francia, que está dominada por París; como Londres domina Inglaterra, o Lagos, Nigeria. En India eso no sucede. El país tiene muchas grandes ciudades, y las ciudades, varios centros. Eso permite pensar en un futuro. Las ciudades son mezclas reales de gente de diversos sitios".
¿Hay soluciones para vivir mejor en las ciudades en las que, parece que inevitablemente, nos tocará vivir? En una época de vacas flacas, los zurcidos y los remiendos urbanos están empezando a ser mejor vistos que los grandes proyectos de las décadas pasadas. Pero, a pesar de acumular una larga historia de logros pequeños, siguen pareciendo algo más idealista que real. Percibidas como remedios temporales más que como soluciones urbanas, algunas acciones individuales están produciendo cambios colectivos. En algunos casos, a la iniciativa de los ciudadanos se junta la visión de los políticos. El alcalde de São Paulo, Gilberto Kassab, estableció en 2006 la "ley para una ciudad limpia", prohibiendo todo tipo de publicidad en espacios públicos. Desaparecieron más de 15.000 carteles de autobuses y escaparates. Hubo debate sobre si la publicidad era cultura, pero se redescubrieron zonas de la ciudad literalmente tapiadas por los anuncios. Esa hazaña la recuerda hoy la muestra Ciudades habitables, ciudades de futuro, instalada permanentemente en La Casa Encendida de Madrid. La exposición explica que se pueden construir espacios urbanos incluso cuando la planificación y el Gobierno están ausentes. Y demuestra cómo, al margen de la realidad oficial de las ciudades, existe una realidad informal y auto-organizada que puede mejorar la vida de la gente y que podría ayudar a dibujar otras ciudades. Recuerda, por ejemplo, cómo en el año 2000 en Tirana, la capital de Albania, se puso en marcha un programa de regeneración urbana pintando con colores brillantes los deteriorados bloques de viviendas. El alcalde Edi Rama había sido antes escultor, jugador de baloncesto y ministro de Cultura. Y decidió impulsar un programa de regeneración barato con un ejército de pintores voluntarios dispuestos a colorear la ciudad degradada. Tras varias décadas de estalinismo y maoísmo, Tirana pasó de ser un lugar degradado a adquirir una fisonomía pop. En 2004 Rama se hizo con el título de mejor alcalde del mundo. Y en 2005, la revista Time lo nombró héroe del año. "El color no resolverá los problemas de la ciudad, pero puede motivar a los ciudadanos", señala el socialista Rama, de 45 años y todavía alcalde de la ciudad.
En España, como en el resto de Europa, aumentan los casos de activismo y participación ciudadana, que Ana Méndez de Andrés ha recogido en el volumen Urbanacción. Pero la participación ciudadana tiene muchas caras. En las últimas semanas, el único activismo que le ha quedado a la antigua regidora del Distrito Ciutat Vella (centro histórico) de Barcelona ha sido el de dimitir. A pesar de patearse a diario la ciudad, a pesar de acercarse a conocer los problemas desde los dos lados: el de las prostitutas y el de la gente del barrio, el de los comerciantes que se abrazan al turismo y el de los vecinos que no pueden vivir por la invasión de los turistas, la socialista Itziar González no pudo con la falta de apoyo de su partido. Curtida en negociaciones ciudadanas que desembozaron transformaciones de barrios barceloneses –como la plaza de Lesseps–, la arquitecta no ha podido regenerar el barrio donde tiene su propia casa. No es fácil hacer democracia en una ciudad. La falta de diversidad simplifica la ciudad. Pero también la empobrece. Hoy, en Barcelona, tras proyectos que lograron recuperar la ciudad para los ciudadanos, el redescubrimiento del mar y la reconversión de los edificios industriales, muchos barceloneses han asistido, atónitos, a la conversión de la ciudad en un destino de turismo de botellón. Como apunta Francesc Muñoz: "La ciudad intenta sobrevivir a su propia marca".
Más allá de la implicación ciudadana, Muñoz propone soluciones de gestión de recursos. Señala, por ejemplo, que uno de cada cuatro litros de agua gastados en las ciudades catalanas corresponde a pérdidas en la red. Propone: "Decir no a la urbanización dispersa y aceptar el reciclaje y la rehabilitación de edificios; negar la diseminación de la vivienda de baja densidad a lo largo de territorios donde los habitantes futuros estarán condenados al uso del vehículo privado".
Decir que los procesos económicos, las revoluciones, las guerras, el coche, la electricidad o cualquier otro fenómeno cambia las ciudades encubre el hecho básico de que las ciudades son creaciones humanas diseñadas y construidas para servir nuestras necesidades, intereses y deseos. Reflejan tanto nuestras grandezas como nuestras mezquindades. "La transformación de Lagos en una de las ciudades mayores del mundo por la nueva riqueza petrolera de Nigeria o la transformación de Shenzhen de pueblecito de pescadores a megalópolis de 15 millones de habitantes en 30 años, por su designación como special economic zone (SEZ) por el Gobierno de Deng Xiaoping en 1980, dibujan un mundo donde el cambio es posible", apunta Miguel Ruano.
¿Por qué, aun siendo lugares de extrema desigualdad, las ciudades siguen resultando atractivas? Las oportunidades de supervivencia económica son siempre mayores donde hay más densidad (de personas, actividades, necesidades y de probabilidades de dar un giro a la vida). Francesc Muñoz habla, además, de un "efecto llamada" y de un "efecto red". Que alguien consiga mejorar su vida tras llegar a una ciudad (aunque 100 no lo hayan conseguido) anima a intentar mejorar otras vidas. El efecto red refleja que, con el tiempo, las migraciones logran establecer una red de acogida en la ciudad. No van a cualquier lado: van a las ciudades donde otros inmigrantes fueron antes. Y ofrece un consejo a los políticos que no hayan tenido tiempo de pararse a observar: "La ciudad puede y debe ser mucho más que una superficie limpia y pulida. Debe ser el lugar donde recuperar la variedad". Como dijo aquel disc jockey: "En Londres sólo vive quien tiene mucho dinero o mucha personalidad. La ciudad siempre te ofrece la posibilidad de estar igual de mal que en el campo, pero viendo cosas diferentes".

miércoles, 21 de abril de 2010

UNA NOTA DE .. HUMOR?


UBICACIÓN; RONDA NOTE . Barrera vegetal de separación vial- viviendas.
ACCIÓN; Retirada de núcleo textil por un particular, para formación de pequeña HUERTA para autoabastecimiento.

lunes, 12 de abril de 2010

«Esas esculturas en nuestro centro histórico quedan como una corbata del ‘Todo a 100’ en un traje de Armani»

Opina con meridiana claridad de los temas más polémicos, se moja siempre pero insiste en que no son solo valoraciones personales sino procedentes de un órgano colegiado.
Justo en un momento de crisis el Colegio estrena su sede ¿Paradoja, casualidad?
Bueno, también el Empire State se construyó en plena crisis del 29 y es un icono de Nueva York, y ojo, con esto no quiero compararme, claro... Pero bueno, ha sido una cosa de circunstancias.
¿El ‘crash’ inmobiliario está siendo más duro de lo que se esperaba?
Todo el mundo temía que hubiera una crisis, eso era una cosa cantada. Quizás lo que la gente no esperaba era que fuera una crisis tan profunda, porque esta es una crisis global.
¿Y evoluciona peor de lo temido hace 6 meses o hace un año?
Yo esperaba una crisis gorda desde hace mucho tiempo porque claro, evidentemente se veía venir. Por nuestros indicadores de actividad se veía que se estaba calentando la maquinaria de producción de viviendas muchísimo. Y días de mucho vísperas de nada. Porque además no se hacían casas para satisfacer el mercado sino por pura inversión especulativa, porque esto daba unas rentabilidades que no daba ningún sector.
Igual es tirar piedras contra su propio tejado pero ¿Se estaban haciendo demasiadas viviendas?
Lo creía y siempre lo he dicho. Hace muchísimo tiempo ya advertí en un artículo titulado ‘La amenaza del suelo’ el potencial desestabilizador que esto podía tener para la economía. Porque el ahorro en lugar de invertirse en actividades productivas se iba al mercado inmobiliario, eso generaba rentabilidad pero no actividad.
Pero sí muchos puestos de trabajo...
No, pero eso es independiente. Porque el número de obreros en una obra es el mismo si va a costar 100 que si va a costar 150 por la especulación. A nosotros, como trabajadores del sector, eso no nos ha beneficiado lo más mínimo. Cobramos lo mismo aunque luego se vendiera más caro por el recalentamiento económico, ni lo pretendíamos ni éramos cómplices.
Ustedes los arquitectos, sin embargo, tenían mucho más trabajo porque se edificaba más
Claro, eso sí, pero no quiere decir que ganáramos más en proporción. Nuestros ingresos están en función de lo que vale la construcción material, no del precio de venta. Y nos dábamos cuenta de que estábamos trabajando demasiado, de que eso no podía seguir así. En el año 2006 se construyeron en España 920.000 viviendas y no podían mantenerse crecimientos del 10% anual. Así que al final hemos llegado a un ‘stock’ de un millón de viviendas vacías.
¿Qué indican los últimos datos de los que el Colegio dispone sobre visados de obra nueva?
Para hacerse una idea, en Burgos capital se tramitaron casi 3.000 viviendas en el año 2004. Aquél fue el año récord. Bajamos 1.000 viviendas al año siguiente y esa tendencia nos hubiera venido muy bien, para retomar la normalidad, en torno a unas 1.300 viviendas al año, dos años antes de la crisis. Pero en 2006 se repuntó hasta 2.414, para evitar el Código Técnico de la Edificación (una nueva normativa). Había que pensar que «algo» iba a pasar, porque el mercado no podía absorberlas. Al año siguiente se descendió a 1.549 y en 2008 a 917. Lo dramático ha ocurrido en 2009, donde no pasamos de 183, esto es el 15% de lo que podría considerarse normal. Por eso, pienso que la crisis inmobiliaria en España empezó el día 29 de septiembre del año 2006, cuando el Código Técnico entró en vigor y, como se dice, estaba «todo el pescado vendido».
¿Y ha cambiado algo en lo que llevamos de 2010?
Los datos del primer trimestre son esperanzadores en la capital, porque llevamos 155 viviendas tramitadas, pero en el conjunto de la provincia ocurre lo contrario; precisamente en los pequeños encargos en pueblos, que se habían mantenido durante esta caída tan brutal. Hay que interpretar que ese «nicho» de trabajo se ha ido saturando. Además, ante la crisis, en el alfoz la gente se ha planteado los desplazamientos y la caída de precios y de 1.114 viviendas en el año 2006, cuando los municipios querían «planes generales» de más de 10.000 viviendas, el año pasado se tramitaron 84 y, en lo que va de año, sólo llevamos 11 viviendas. El Colegio advirtió sobre el desarrollo anómalo del alfoz y no gustó a los alcaldes, pero es que es lo que hay. Burgos no es una gran área metropolitana.
Con este panorama, ¿qué se vislumbra de cara al futuro?
Es difícil , porque tendrían que existir propuestas para valorarlo. He sido muy crítico porque en tres años no había ninguna medida pública real, pero ahora soy algo más positivo. El último acuerdo de la Junta con el Ministerio de la Vivienda para dar salida al ‘stock’, mediante la conversión en viviendas protegidas me parece la primera medida determinante. Además habrá que seguir haciendo vivienda nueva, porque la alternativa de la rehabilitación aún tiene que ganar mucho en porcentaje. En Alemania rehabilitan un 40% y hacen un 60% de vivienda nueva, aquí la rehabilitación era un 8%; pero tenemos otro problema, el inevitable Código Técnico imposibilita muchas rehabilitaciones. Aunque suene pretencioso, nunca repetiremos una historia tan excesiva como la vivida. En la hipótesis de un modelo a 10 años, la construcción (edificación y obra civil) representará un 10 % del PIB (llegó a ser más del 16 %). Deberá crecer un sector de servicios más cualificado, relacionado con la salud y nuevas tecnologías. Se construirán de 200.000 a 250.000 viviendas nuevas y se rehabilitarán de 150.000 a 200.000. En Burgos hablaríamos de construir unas 650 viviendas y 450 rehabilitadas. Lo veo razonable, pero no me gusta apostar.
¿Y para salir de la crisis qué hacemos?
Interpretemos que hemos tocado fondo, debemos empezar a crecer algo y no estabilizarnos en él; pero cada año que pasa sin tomar medidas supone su pérdida y otro más de corrección. Recordaré que desde el Colegio Oficial de Arquitectos se propuso hace medio año un plan para el sector que, anualmente, facilitase rehabilitar 100.000 viviendas, promover otras 100.000 en régimen de protección y facilitar el alquiler, con opción de compra, de 200.000 viviendas del «stock». Como se ha dicho, la edificación no va a sacar a España de la crisis, pero España no va a salir de la crisis sin la edificación.
¿Sigue vigente su polémica con el Ayuntamiento por la reforma de La Isla?
La última vez que hablé con el alcalde, hace 3 semanas, habían vuelto de hablar con la Dirección General de Patrimonio y les habían hecho correcciones. Nosotros en su día llamamos la atención sobre que no se pueden tomar decisiones trascendentes y complejas, que repercuten en entornos muy sensibles, de una manera tan precipitada. Y para eso es muy aconsejable recabar opiniones que son obligatorias, dicho sea de paso. Patrimonio no es un ciudadano cualquiera y todo el mundo tiene derecho a opinar, pero las opiniones cualificadas tienen un peso mayor, no se puede poner a todos en plano de igualdad. Porque para colmo, lo único que se está dilucidando son ciertas urgencias coyunturales, que están en un calendario de legislatura, electoral... Pero oiga, que la ciudad se construye en mucho tiempo y no en un mandato. Igual si lo discutes, lo reflexionas... pues te da tiempo, pero año y medio antes de que se te acabe el plazo no se puede trabajar a marchas forzadas, porque esos proyectos no son convencionales desde el punto de vista urbanístico, exigen un estudio minucioso, contrastarlo.
¿Es el mismo caso que el del Plan Catedral XXI?
Muy parecido, son espacios muy sensibles, especiales, y antes de hacer un proyecto hay que analizarlo, hacer propuestas, discutirlas con Patrimonio... Y en el caso de la Catedral es Patrimonio de la Humanidad, así que las cosas no se deciden en Burgos, ni siquiera en Valladolid, eso ya trasciende. Y eso no puedes obviarlo y decir: «He hecho un proyecto y lo ejecuto». Pues no.
¿Y cómo evitar que la reflexión no eternice los proyectos?
Los proyectos se inician para ejecutarlos e igual tardan por problemas. Pero necesitan un ejemplo de reflexión previo. Y le voy a poner un ejemplo. El aparcamiento de San Esteban era importante, yo creo en ese proyecto, pero es necesario hacerlo con el mínimo impacto y no con lo que llevaron a Patrimonio, que era brutal. Además, había que justificar que el Castillo tiene un Plan Especial propio pero era compatible con el parking. Y si tú no lo haces te pasará como en un partido de tenis, te pegarán un raquetazo y que devuelvas la pelota. Lo del aparcamiento de San Esteban estuvo mal planteado. Y a continuación vino La Isla, y después el Plan Catedral. Y en todos pasa lo mismo, que no se pueden resolver como un proyecto convencional de ingeniería elementos importantes en la estructura urbana de la ciudad. Me da igual la glorieta de los velociraptores, si la quieren poner pues no pasa nada, pero la Catedral o el centro histórico no tienen nada que ver. Hay que operar con un método que garantice que el patrimonio no quede amenazado.
El último episodio de esa serie de desencuentros con Patrimonio fue el de las esculturas.
Cualquier persona con un poco de sensibilidad te puede poner objeciones a las esculturas. Y por varios motivos. Lo primero porque son muchas. Es como si llevas un traje de Armani y una corbata del ‘Todo a 100’. Nadie se fijará en el traje y sí en la corbata. Pues aquí pasa lo mismo, tenemos un espacio urbano que es de marca, prestigioso, y queremos arreglar las cosas poniendo algo que te llama más la atención que la calidad del entorno. La castañera, por ejemplo, es una escultura sin ningún interés medio oculta al final del Espolón. Fue un lapsus que se produjo y ahí está. Pero después han venido muchas en su línea, esculturas intrascendentes, irrelevantes y que no aportan nada.
El Ayuntamiento defiende que a la gente le gustan las esculturas.
Pues sí, puede que le gusten. Pero les gustaría unas esculturas más dignas. Y a la gente también le gusta ver morralla en la televisión. Además, no se pueden hacer afirmaciones genéricas. ¿Qué base tienen esos estudios, qué escultura es la que gusta? Seguramente a la mayor parte les gustará los gigantillos por el significado que tienen para ellos, pero ver a una pareja de ancianos haciendo la calceta... A la gente le gusta también Gran Hermano, y es un programa deleznable. Y finalmente, ¿Con esta imagen de lo cotidiano, de lo intrascendente, qué estamos potenciando, de qué queremos hablar? Si queremos contar a la gente cómo se vivía en los pueblos, de mal por cierto, lo podemos hacer en un museo etnográfico con esculturas de un material más barato y no de bronce.
¿Tiembla usted cuando escucha o lee que quieren cambiar las farolas de la Plaza Mayor por unas de estilo clásico?
Bueno, esas cosas las llevo oyendo mucho tiempo. Y me resultaría triste y lamentable, porque nuestros centros históricos tienen que tener elementos innovadores. En nuestra Plaza Mayor se hizo un esfuerzo por mejorarla, de forma discutible si se quiere, pero fue una apuesta y merece la pena que se respete.
¿El Complejo de Caballería acabará convenciendo desde el punto de vista arquitectónico?
Cuando la gente visite el Museo entenderá el valor de esa propuesta. Pero es curioso, es duro decirlo, el nivel de desapego de los burgaleses respecto a las cosas de su propia ciudad siempre me ha parecido sorprendente. El Complejo de Caballería ha sido recibido sistemáticamente de forma hostil, ¡cuando es una cosa tuya! En cualquier otro sitio lo defenderían. El proyecto de Navarro no fue votado en plan Gran Hermano, el tribunal que lo eligió era muy competente. Todo esto acaba en una reflexión final. En los últimos años la propia sociedad burgalesa, y especialmente el Plan Estratégico, ha ido abriendo caminos para que la ciudad saliera del letargo terrible en el que había estado, pero siempre han sido recibidos con la misma hostilidad que el Complejo de la Evolución. Es cierto que desde el Plan quizás no se ha sabido transmitir bien. Pero resulta que ahora ‘in extremis’ tratamos de defender la candidatura al 2016 precisamente basándonos en la capacidad de Re-Evolución, en la transformación. Y esto implica tener una visión de futuro, innovadora.

domingo, 28 de marzo de 2010

URBANISMO Y PRODUCCIÓN INMOBILIARIA. Isletas y territorio

Uno de los alcaldes, a los que trato con relativa asiduidad, me ha expuesto recientemente un símil interesante sobre cual es el significado político del planeamiento urbanístico municipal en este momento histórico.Lo considera algo así como un explosivo que tratado con ligereza se convierte en una bomba que puede explotar fácilmente en tus manos, pero que sabiéndolo manejar con delicadeza y sabiduría, permite alcanzar grandes logros para el conjunto de la sociedad a la que se administra. Algo así como la nitroglicerina y las obras públicas.<---Una buena imagen para entender hacia donde ha derivado la planificación territorial y urbanística en España. Sobre todo para los políticos, esos individuos que tienen entre mano una de las tareas más difíciles que existen en nuestros días. El influyente politólogo americano Robert D. Kaplan señalaba que en el futuro, la la política será el arte, que no ciencia, de la gestión permanente de las crisis sucesivas. Un grupo recurrente de ese tipo de crisis a las que Kaplan alude, es el que se refiere a la gestión y administración de las ciudades y territorios; algo así como un espacio decisional caracterizado por la constante tensión entre diferentes grupos de interés e infinitos problemas cotidianos que afectan a una multitud de personas concretas. El carácter de la planificación del espacio ha ido transformándose en un instrumento técnico dedicado a una canalización eficiente hacia manos privadas de las plusvalías emanadas de la transformación del suelo. En el entorno histórico concreto en el que me he desenvuelto, la refundación democrática del estado español, ocurrida lo largo de los últimos treinta y cinco años, se ha ido producido una nueva consolidación de una élite oligárquica centrada en algunas empresas transnacionales de bandera española, bancarias, constructoras, energéticas y del sector de las telecomunicaciones, mientras que en la esfera local y regional ha reaparecido un neocaciquismo, dedicado fundamentalmente a la edificación y los negocios inmobiliarios. Es algo que ha explicado de una manera precisa José Manuel Naredo en un brillante artículo reciente, titulado El modelo inmobiliario español y sus consecuencias, publicado en la revista Sin Permiso. En él exponía las raíces, forma y razones por las que se ha perpetuado el absurdo e ineficiente modelo de desarrollo económico de este país, basado en el crecimiento exponencial de la construcción y el sector inmobiliario asociado. El autor identifica la situación creada por el afán de posesión y lucro ilimitado como una especie de cáncer en el que las células malignas se han expandido de una manera incontrolada sobre el territorio. La superación de la ciudad tradicional en nuestras regiones urbanizadas ha ocasionado que el consumo de territorio se haya acelerado hasta ocupar extensas superficies de suelo en una especie de perversa patología terrestre, cuyas secuelas no tan visibles son la creciente exigencia de recursos, tanto naturales como humanos, la subordinación del anterior sistema agrario extractivo local y también la esquilmación de amplias superficies del entorno internacional.
Para Naredo una de las causas principales del problema es la actual configuración del mercado inmobiliario español, que ha otorgado un peso desmedido al régimen de propiedad particular de la residencia y, en contrapartida, la mínima presencia del alquiler, tanto publico como privado. Habría que añadir que esa apuesta privatista en la forma de uso y posesión de las viviendas, muy diferente a la de la mayoría de países europeos, ha sido ampliamente apoyada por unas instituciones financieras volcadas a facilitar recursos baratos y que gracias a este negocio se han ido configurando progresivamente en unos mastodontes económicos singulares.Si se observa la situación de otros países de nuestro entorno como Holanda o Suecia, incluso Francia o Inglaterra, el desarrollo inmobiliario ha estado liderado durante gran parte del siglo XX por los poderes públicos. Los enfoques socialdemócratas de los países septentrionales han impulsado la gran presencia en la promoción de la vivienda social pública destinada al alquiler; ello como una parte muy sustancial de su concepción política del estado del bienestar. Naredo también señala la diferencia de los casos de Alemania y Suiza donde el énfasis en la vivienda en alquiler bajo la tutela del estado, ha ocasionado la existencia de un amplío número de unidades privadas bajo una regulación pública y un control administrativo eficaz. Actualmente, en España el stock de vivienda en alquiler no alcanza siquiera al 10% del total (Uno de los más bajos de la Unión Europea si consideramos, por ejemplo, , el caso de Holanda en que se supera el 70%).La situación española es sensiblemente diferente y si bien en la etapa franquista la retórica de la clase dirigente propugnaba la instrumentación de planes urbanísticos orientados hacia un crecimiento ordenado y la provisión eficiente de vivienda popular, la realidad es que los distintos grupos económicos con acceso directo a los detentadores del poder fueron poco a poco imponiendo una visión desarrollista basada en la masiva transformación del suelo en la periferia de las ciudades tradicionales y la apropiación descarnada de las importantes plusvalías generadas en el proceso.Es destacable que desde los inicios de la segunda mitad del siglo XX, todo el sistema legal español, instituido para la administración del suelo, se ha dedicado a consolidar aquella visión privatista en la transformación del territorio. La ley del suelo de 1956 ya consagraba el establecimiento de un marco municipal para el desarrollo urbano y su posterior consolidación mediante planes parciales, liderados por la iniciativa de los particulares.Este pecado original ha configurado la esfera legal urbanística que padecemos sobre la base de una contradicción insoluble. A saber, la necesidad de apoyar la construcción colectiva del espacio común en los esfuerzos individuales para la transformación del suelo y el otorgamiento privado del máximo de plusvalías. La actitud depredadora de los agentes privados, la corrupción política y administrativa, la creciente burocratización y, en resumidas cuentas, la destrucción del territorio, estaba servida con ello. Es lo que ha ocurrido masivamente a lo largo de los últimos cincuenta años de una manera lamentable.
En la práctica, la imposición de una visión descarnada del desarrollo llevó a la consideración de la rapiña sobre el suelo como algo normal. Así, frente a la visión utópica de los redactores de los planeamientos de la primera hora, la ambición, la avaricia y la fuerza de convicción de todo tipo de promotores inmobiliarios lograron imponer una realidad especulativa que ha generado numerosísimos problemas urbanos que se arrastran hasta nuestros días. Se pueden citar profusos ejemplos, zonas verdes previstas en los planes de los años 60 que se transformaron en espacios edificables, la edificabilidad establecida para permitir un crecimiento armonioso, que se incrementó sobre la marcha para lograr un enriquecimiento aun mayor si cabe, la ocupación salvaje de terrenos de alta producción agrícola, la destrucción de paisajes intocados en la costa y en el interior, etc., etc.Esta concepción del desarrollo urbanístico como algo connatural y necesario para la expansión económica de la sociedad, basada en la actuación privada de agentes grandes y pequeños, sigue imperando en nuestros días como si no existieran otras alternativas viables. Es sorprendente que no exista una oposición reconocible a esta falsa concepción ideológica descarnadamente impuesta, ni desde los partidos minoritarios nacionalistas o de los situados a la izquierda, ni tampoco desde aquellos otros que han detentado el poder alternativamente. Sin embargo, los ejemplos del resto de Europa están ahí para evidenciar que otros caminos más beneficiosos son posibles para aquellas sociedades y, por supuesto para la nuestra.Volviendo a la tesis de Naredo, lo cierto es que el pacto entre clases dirigentes y grupos oligárquicos, financieros e inmobiliarios, se renovó con la adhesión de España a la Comunidad Europea en 1985. Fue el momento en que el planeamiento urbanístico entró en crisis, quedando reducido paulatinamente a la definición de un marco jurídico para el desarrollo de iniciativas privadas e individuales. Con los años el planeamiento territorial y urbanístico se ha limitado a definir un mecanismo perverso para la maximización del beneficio a costa del bien común y de la tergiversación del interés general.Es evidente el abandono progresivo de la apuesta por la formalización de la ciudad y con ello el visionado de un futuro posible en el que primara el interés colectivo. Los planes urbanísticos recientes tienen un contenido decreciente de propuestas para la mejora funcional de las ciudades, para garantizar entornos habitables armoniosos, olvidándose de corregir errores anteriores, perpetuando una calidad urbana deficiente, etc. Es la consecuencia de la transformación del planeamiento en un mero marco normativo para el despliegue de las sucesivas propuestas de inversión privadas. Hemos asistido con ello, pues, a la reducción de los Planes Generales de Ordenación a meros instrumentos de ordenación de los usos y aprovechamientos del suelo.Cuanto más construimos, mas ganamos. 
El fundamento de todo este tipo de procesos está en la generación de plusvalías en la transformación de los suelos rústicos en urbanizables o directamente urbanos. El simple hecho de lograr una calificación de suelo por el planeamiento produce un incremento desproporcionado de la riqueza asociada a los terrenos, superior en varias centenas al valor inicial. Un suelo rústico recalificado puede incrementar su valor desde decenas de €uros a centenas o miles de €uros por metro cuadrado, como consecuencia de ese acto administrativo que establece la aprobación de un planeamiento. Aun a pesar de que no se haya producido ninguna inversión real. La recalificación urbanística en España ha sido y es la nueva piedra filosofal en la creación de riqueza de la nada.El negocio inmobiliario asociado a las recalificaciones es un espacio oscuro donde la connivencia de actores de todo tipo de pelajes, promotores, constructores, políticos, funcionarios, banqueros, etc., se despliega en un universo turbio que mueve cientos y miles de millones. La especulación urbanística ha constituido un lastre que ha pautado negativamente y de una manera excesiva la realidad económica de este país. El resultado es una situación donde el esfuerzo social en la adquisición de viviendas ha originado que el parque de vivienda social o en alquiler sea muy limitado y donde además se ha generado recientemente un stock privado residencial vacío superior a 1.000.000 de unidades. Era lógico que está burbuja acumulada durante décadas explotase evidenciando la necesidad ineludible de un cambio fulminante de modelo productivo.Una expresión final de esta deriva negativa a la que los ciudadanos asisten con creciente desconfianza es la que se refiere a la promoción de megaproyectos, apuestas icónicas o de relumbrón. Es la fase más avanzada del cáncer destructor de nuestras ciudades y del territorio que las une.Recurriendo nuevamente a José Manuel Naredo se puede entender la génesis de esta nueva hornada de iniciativas negativas para el territorio. En el libro recopilatorio Economía, poder y megaproyectos, tanto el propio Naredo como mi tocayo y amigo Federico Aguilera, hacían una certera reflexión sobre el significado de tanta obra pública masiva. Estrategia que empezó a configurarse en España con el programa franquista de ejecución de pantanos en la década de los años 50 y 60. En ese trabajo se desenmascara el esfuerzo de las grandes constructoras, en connivencia con la esfera política, en lograr la programación pública de grandes operaciones inversoras, tales como centrales nucleares, trasvases de agua, trenes de alta velocidad, grandes ejes viarios, etc. Un proceso que esconde un interés compartido en la transferencia de ingentes recursos públicos hacia los operadores privados implicados, con una alta ineficiencia económica y en contra claramente de los verdaderos intereses públicos. Imagen sobre el fondo de la Sierra de Guadarrama del nuevo centro de negocios de Madrid.
Se pueden observar ejemplos recientes de todo esto como es el caso de la transformación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, una operación multimillonaria que ha agravado la congestión de esa zona de la ciudad para beneficio de bancos y constructoras. O en menor escala y en el entorno canario, la apuesta que hace un promotor privado en Arrecife de Lanzarote para transformar un lugar emblemático de su costa, el islote del Francés, en un nuevo centro comercial y de oficinas. Eso sí, avalado por un proyecto icónico de Santiago Calatrava.Aparece en el horizonte un nuevo inmenso océano de aguas turbias en el que se va a alimentar un número reducido de tiburones pertenecientes a la oligarquía dirigente, compuesta por políticos, funcionarios, financieros y empresarios, y que nos conducen nuevamente a una mayor insostenibilidad colectiva si cabe. Todo ello, apoyado por supuesto, en una falsa demagogia de progreso y de solución a inexistentes y falsas necesidades colectivas, finalmente propagadas a través de unos medios de comunicación sufragados y orientados por ellos mismos.

viernes, 12 de febrero de 2010

El taimado arte de destruir ciudades

La ciudad es un modelo particularmente revolucionario de asentamiento humano aparecida por primera vez durante el IV milenio a.C. en la Mesopotamia. El verdadero Edén fue una ciudad, no un jardín. Allí nacieron la escritura, la contabilidad, las ciencias, las artes y la verdadera democracia; las ideas de libertad y revolución, la sexualidad no convencional, la poesía, la historia y la filosofía; pero también, la burocracia, las jerarquías, las clases, los ejércitos regulares y el dinero.
Pausanias rehusaba llamar ciudad a los agregados construidos sin plaza ni edificios públicos, es decir, sin espacio público, sin un lugar de participación e intervención directa de las ciudadanía, sin un terreno para la política comunitaria (política viene de polis, ciudad en griego). En efecto, en la ciudad, gobierno, justicia, fiesta, mercado, teatro, pensamiento, ceremonial y pedagogía, o sea, todas las actividades consideradas públicas, transcurrían al aire libre o en lugares abiertos. Sus límites estaban perfectamente definidos por un recinto urbano protegido por fosos y murallas.
Existía una clara distinción entre la ciudad, la forma excepcional de un espacio habitado, y la no ciudad, el campo, la forma habitual. Conservando tales criterios, ninguna urbe conocida hoy en día podría considerarse ciudad, puesto que ninguna dispone de espacios públicos. Las rotondas han substituido a las plazas vacías y las zonas verdes a los jardines públicos, testimonios de un pasado sobre el que se hizo, teórica y prácticamente, tabla rasa, mientras que sucesivas autopistas periféricas marcaban la frontera momentánea a rebasar por una ininterrumpida oleada urbanizadora.
La urbe totalitaria surge de la destrucción y de la fagocitación del espacio rural; no se distingue de su entorno sino por la densidad edificatoria, siempre en aumento; no tiene puertas ni límites, sólo cinturones viarios con muchos carriles, verdaderos tentáculos mediante los cuales aquella envuelve a todo el territorio en un abrazo letal. A la variedad y originalidad de las calles y las plazas de la ciudad tradicional, opone la vulgaridad y monotonía de las barriadas yuxtapuestas. A la belleza de sus arquitecturas que manifiestan un amor a la vida y a todo lo humano, la urbe sobrepone la monstruosidad de monumentos que pretenden simbolizar el progreso y la modernidad. Las decisiones que conciernen a sus habitantes son tomadas en espacios bien cerrados, por no decir blindados, a menudo privados, defendidos por esbirros y telecámaras. Nada ocurre gratuitamente, ni siquiera los grandes espectáculos deportivo-culturales que jalonan las etapas urbanizadoras: los accesos son de pago, siempre hay que comprar entrada.
La vida cotidiana transcurre o bien dentro de un vehículo, o bien en una casa dormitorio bunkerizada. Si la muerte en la ciudad había siempre acarreado una manifestación de duelo público, en la urbe totalitaria es un asunto privado sin importancia que no concierne más que al difunto. Vida y muerte son tan semejantes que apenas pueden distinguirse. La insensibilidad general es el resultado: los muertos vivientes no se preocupan ni de los sufrimientos ajenos, ni del aire que respiran.
En el marco de una expansión infinita, el territorio rural pierde su patrimonio histórico, sus leyes propias, sus tradiciones locales y sus señas de identidad, para convertirse en satélite amorfo de la conurbación central. En realidad es un territorio considerado edificable, residencial, zona logísitica o lugar de paso; en suma, una prolongación de la urbe a la que trasladar sus penosas condiciones de supervivencia y su manera especial de entender el progreso: carestía, consumismo, atascos, insalubridad, neurosis, ruidos, contaminación y comida industrial. No será ya el amor a la libertad, la solidaridad o la vindicta de clase lo que podrá caracterizar al habitante, sino las virtudes del ciudadano moderno, a saber, el miedo al prójimo, el odio racial y la manipulabilidad, condiciones políticas fascistas. En realidad el territorio podría definirse como el espacio intersticial entre dos conurbaciones, y como tal, destinado a suprimirse mediante las infraestructuras de circulación rápida y la concentración de la población dispersa.
El territorio racionalmente ocupado, es decir, con densidad de población baja, ideal para la forma de vida rural, es inviable para la economía capitalista. Se han hecho números y la vida en el campo resulta parca en ganancias monetarias; hay que concentrar a sus habitantes alrededor de un centro comercial y de ocio, encerrarlos en sus casas y enchufarles la tele. Podrá ser malo para los habitantes, pero es bueno para la especulación inmobiliaria, la motorización y el negocio turístico; por lo tanto, bueno para la economía, que es quien a la postre decide.
El verdadero urbanismo surge con la revolución industrial. A lo largo de la historia la ciudad había padecido los embates de poderes totalitarios, pero nunca sus elementos habían quedado atrapados en una relación social abstracta, nunca habían sido mediatizados completamente por cosas, fuesen mercancías, trabajo o dinero. Eso empezó a ocurrir con el ascenso de la burguesía al poder. Si el primer urbanismo burgués proclamó la ciudad como lugar privilegiado para la acumulación del capital, solamente cuando esa función fue declarada única podemos hablar de totalitarismo. De un dominio formal del capital se pasó a un dominio real. He llamado a esa fase urbanismo desarrollista, pues en esa etapa histórica que preludia a la urbe fascista, queda fijada la prioridad del crecimiento económico y urbano por encima de cualquier otra consideración. Tal propósito vino sellado por un pacto social entre los capitostes políticos, los empresarios nacionales y los dirigentes sindicales que proporcionó treinta años gloriosos de beneficios y transformó a las clases peligrosas en masas domesticadas.
Las grandes familias burguesas cedieron el mando a mánagers y cuadros ejecutivos. De una sociedad de productores se pasó a una sociedad de consumidores; de una economía industrial, a otra de servicios; de un capitalismo nacional tutelado por el Estado a un capitalismo global dirigido por las altas finanzas. El desarrollismo urbano es un periodo de transición que debuta con la aniquilación de la agricultura campesina y finaliza con la crisis de la industria. A partir de ese momento todos los problemas serán reducidos a su dimensión técnica, especialmente los urbanísticos. En adelante, la política, la economía, el derecho y la moral carecerán de autonomía, y sólo podrán ser abordadas desde la técnica, en nombre del progreso y del futuro entendidos, claro está, como progreso y futuro técnicos.
Cuando la tecnología se sobrepone a cualquier discurso ideológico y ocupa una posición central, todas las cuestiones se resuelven partiendo de ella. La modernización tecnológica será la clave para superar todos los obstáculos y el criterio fundamental de la verdad modernizada. Y por el contrario, oponerse a ella definirá al enemigo social, al reaccionario, al “antisistema”. La libertad existe en una sola dirección, la de la técnica: cualquiera puede ser libre para comprar un coche y tiene derecho a la velocidad; la lentitud y el caminar son actos subversivos. La técnica no es neutral; es instrumento y arma, y en calidad de tales, sirve a quien posee su secreto, a quien enchufa o desenchufa, a quien decide su aplicación. O sea, sirve al poder dominante, al poder de la dominación. Es el matrimonio con el capital lo que la ha puesto al servicio de la opresión, determinando tanto su evolución y desarrollo, como su devenir religioso. La técnica es a la vez condición de existencia y religión de las masas despolitizadas, amaestradas y asustadas. Alcanzado este estadio, la técnica ya es totalitaria. No ya porque abarque la totalidad de la vida, sino porque arrasa con todo. No reconoce límites, puesto que no reconoce la supremacía de lo humano. La misma limitación de los recursos, de la nocividad del ambiente o la degradación de la vida, sirve de estímulo. Hay soluciones técnicas para todo, y no caben otras.
Para el caso que nos ocupa, el urbanismo totalitario, diríamos que es tecnicista, sigue las leyes y los principios de la tecnología, e igual que ella, funciona destruyendo todo lo precedente para reconstruirlo de nuevo a cada innovación. Bajo la dictadura de la tecnología no es que el trabajo se haga precario: la misma existencia se vuelve precaria. Una vez liquidado el proletariado de las fábricas, las fuerzas productivas, ya eminentemente técnicas, son en esencia fuerzas destructivas. El urbanismo, también lo es. El crecimiento económico, que no puede apoyarse más que en medios técnicos, impone gracias a la maquinaria urbanizadora, un estado de guerra permanente contra el territorio y sus habitantes. Por eso los arquitectos y urbanistas habrán de ser juzgados como criminales de guerra. Por eso quienes tratan de contemporizar y aceptan una destrucción negociada acaban traicionando la buena causa del territorio. La lucha antidesarrollista y en defensa del territorio es la única que plantea la cuestión social en su totalidad, puesto que más que nunca es una lucha por la vida. Es la lucha de clases del siglo XXI. No se entiende esa lucha en armonía con un modelo capitalista no cuestionado, es inconcebible fuera del horizonte de la desurbanización y la autogestión territorial. Sólo en los escenarios donde transcurren los combates contra la barbarie urbanizadora podrán soplar los aires de libertad que fueron expulsados de las primitivas ciudades y podrá resurgir las fecundas maneras vitales que caracterizaron la cultura agraria. Hic Rhodus, hic salta!

Elaborado a partir de las charlas, debates y entrevistas ocurridos el 7, 8 y 9 de enero de 2010 en Radio Black Out, en la Librería Calusca de Milán, en la sala Pasquale Cavaliere de Turín, y en la Ex Pescheria de Avigliana (Val Susa).


Miguel Amorós.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La injusticia de la vivienda social en propiedad.

Interesante artículo de opinión en el blog de La Ciudad Viva, acerca del derecho a la vivienda y a la necesidad del sentimiento de propiedad de ésta.
Le pedía Rilke al joven poeta Franz Xaver Kappus que leyera “lo menos que pueda de cosas estético-críticas: o son opiniones partidistas, petrificadas y vaciadas de sentido en su endurecimiento contra la vida, o son hábiles juegos de palabras, en que hoy se saca una opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón frente a ellas”.
Uno Ahren fue en los años 40 el arquitecto jefe de la cooperativa de Arsta, un municipio sueco de la ciudad de Estocolmo. Crítico con las ideas funcionalistas que él mismo defendió años atrás, en Arsta promovió la vida comunitaria frente al mero cálculo eficiente de bloques paralelos soleados de la quimera moderna, y para ello programó centros urbanos con teatro, casa del pueblo y otros espacios comunitarios.
Paralelamente, Erik y Tore Ahlsen contactaron con artistas, profesionales y gente, para entendernos, de lo que ahora Richard Florida podría llamar clase creativa, intentando convencerles para que se instalaran en Arsta y la contagiaran de la vida que ellos esperaban que surgiera en el nuevo municipio en un proceso de gentrificación desinteresada al servicio de los individuos y las instituciones democráticas, según sus creencias.
Desde entonces, el estado sueco alquila y rehabilita las viviendas sociales de este municipio manteniendo en perfecto estado sus fachadas coloreadas y los espacios arbolados de sus calles y plazas.
En Danviksklippan, otro barrio de Estocolmo, Backström y Reinius construyeron en 1945 un conjunto de nueve torres de ocho pisos de altura junto al agua en medio de un precioso paraje natural. Más tarde, entre 1946 y 1952, ampliaron el barrio con las primeras casas aterrazadas que se construyeron en Suecia en el que torres con el doble e incluso el triple de altura del resto de los bloques funcionaban como hitos visuales mientras que las distintas tipologías respondían, según los arquitectos, al deseo de que dentro del mismo barrio las familias pudieran agruparse o reconfigurarse en función de su tamaño, al aumentar en número o al disminuir al emanciparse los hijos, todo ello según un programa establecido y previsto.
Sorprende comprobar que todas estas arquitecturas de más de medio siglo permanecen casi inalteradas y a ninguno de sus moradores (quizá asustados por inmisericordes sanciones estatales) se les ha ocurrido en ese tiempo añadir a las fachadas aparatos de climatización (en Suecia no parece preciso, bien es cierto) o cerrar los balcones y terrazas para aumentar el espacio interior, lo cual podría estar más que justificado por el frío.
En España, un reciente reportaje de televisión bastante mediocre y tendencioso, nos confirma la injusticia de regalar (o casi) viviendas sociales en propiedad y de por vida, a personas -la mayoría muy desagradecidas- que disfrutan así una suerte que no merecen. Nuestra constitución habla del derecho al trabajo –que no se cumple- y a la vivienda –que tampoco- si bien en ningún momento dicho derecho obliga a que ésta sea en propiedad. Una subvención de tal calibre (en el reportaje se veían viviendas de la misma superficie que en el mercado libre habían costado hasta tres veces más que las de protección) es a todas luces injusta y desproporcionada y no se justifica de ninguna manera que se continúe con una política tan costosa que mantiene sin vivienda a muchísimos ciudadanos mientras la proporciona a otros. En lugar de ello, ¿por qué no distribuir los escasos recursos de forma más proporcional en forma de numerosísimas ayudas al alquiler ya sea en el mercado libre o a través de vivienda social? ¿Por qué premiar a unos cuántos con todo (que encima ni lo aprecian ni lo agradecen) y castigar con nada a todos los demás?
De lo arquitectónico, mejor ni hablar. Apoyados en el gastado y pueril “para gustos, colores” que quiere despreciar el conocimiento ya sea estético o técnico del tema, los nerviosos usuarios sólo acertaban a referirse a los edificios (casi todos ellos frutos de concursos de ideas promovidos por la EMVS en los que la normativa ha castrado casi cualquier iniciativa reduciendo el debate arquitectónico a mero fachadismo) con motes enervantes salidos de la más profunda ignorancia, sintiéndose incluso víctimas de la experimentación de los arquitectos, que prácticamente los usaban como cobayas.
Obviamente las plantas de estas viviendas no son mejores que las que el funcionalismo y el racionalismo dibujó ochenta años atrás, sino que en muchos casos son, simplemente, idénticas, lo cual no es malo, pero sí lo son (o deberían) los sistemas constructivos y por tanto la eficiencia energética de los edificios una vez puestos en funcionamiento (en esto también pone verdadero interés la EMVS monitorizando alguno de ellos) y durante el proceso constructivo (materiales más económicos y sostenibles, rapidez en la ejecución, etc…) Todo esto por supuesto quedó fuera del debate en el reportaje, orientado por ejemplo a enfrentar a los vecinos, ricos y pobres solamente separados por una calle y sus zonas comunes; la vpo no da ni para una mísera piscina mientras que el mercado libre la vende junto a calidades de lujo (mármol en baños, cerámica con cenefa en baños y tarima flotante en el resto), pádel y zona de juego de niños.
Pues sí, comparado con Suecia, damos pena.
En su décima y última carta al joven poeta Kappus, Rilke le advierte acerca de “…esos irreales oficios semiartísticos que, reflejando una proximidad al arte, niegan en la práctica la existencia de todo arte y lo atacan, como hace todo el periodismo, y casi toda la crítica, y tres cuartas partes de eso que se llama y quiere llamarse literatura”.

martes, 26 de enero de 2010

HAITI - Coordinadora de ONG para el Desarrollo España

La Coordinadora ONGD-España quiere reconocer públicamente a toda la sociedad española las enormes muestras de solidaridad ofrecidas al pueblo haitiano a pesar del contexto de crisis económica en el que nos encontramos. Según la Asociación Española de Fundraising, a diez días de la tragedia se hanconseguido recaudar cerca de 30 millones de euros para el trabajo de las ONG en la zona. Éstas, como organizaciones de la sociedad civil, asumen el compromiso y la misión de canalizar la ayuda de la ciudadanía española hacia la sociedad de Haití para asistir a los damnificados por una de las peores catástrofes de los últimos años.
A pesar de las dificultades logísticas y de coordinación derivadas de la ausencia, en los primeros días, de autoridades del país y de organismos internacionales sobre el terreno, la ayuda española está llegando y está posibilitando la cobertura de necesidades básicas de miles de personas. Los equipos de las organizaciones sobre elterreno, cooperantes y personal local, están trabajando en la atención a la población haitiana tanto en Puerto Príncipe, como en otras poblaciones afectadas como Jacmel, Leogane, Petit Goave o la frontera con la República Dominicana.
Sin embargo, la situación desesperada de millones de personas, acrecentada aún más tras las diversas réplicas del terremoto, nos lleva a solicitar públicamente que se mantenga el apoyo de manera sostenida y, sobre todo, el compromiso a largo plazo para poder garantizar la reconstrucción del país. Hay que recordar que Haití era antes del terremoto el país más pobre de América, ocupa la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano, el 80% de su población ya vivía bajo el umbral de pobreza y la esperanza de vida apenas superaba los 50 años. Las ONG adquieren el compromiso, a medio y largo plazo, de trabajar en la reconstrucción de sus estructuraseducativas, sanitarias y económicas.
También es el momento de exigir, en aras de la recuperación del país, la anulación de su deuda (alrededor de 30 millones de euros en el caso de España) y la revisión de políticas comerciales y económicas que vienen asfixiando el país durante décadas, impidiendo su desarrollo. Los recursos destinados para la reconstrucción en ningún caso deben ser condicionados ni generar nuevos endeudamientos. Confiamos en que las ayudas anunciadas tanto por las administraciones españolas como europeas no salgan de partidas de ayuda ya comprometidas a cubrir necesidades también básicas en otras zonas de África, América y Asia.
Queremos aprovechar este comunicado para mostrar nuestro absoluto rechazo al cobro de comisiones bancarias en las transferencias de donaciones a las cuentas solidarias y de ayuda humanitaria. Esperamos que, de acuerdo a su normativa interna y al compromiso público de las entidades financieras, estas comisiones sean devueltas a la mayor brevedad posible, tomándose las medidas oportunas para que no vuelva a suceder en el futuro. En cualquier caso, animamos a los ciudadanos afectados a que cursen las reclamaciones oportunas.
Al hilo del agradecimiento a la sociedad española, tenemos que advertir que, aunque están llegándonos numerosas llamadas de personas ofreciendo bienes en especie o incluso viajar como voluntarios al terreno, tanto las ONGD como las agencias humanitarias, de momento sólo solicitan apoyo económico ya que permite la compra de kits estandarizados en el propio terreno o países vecinos para garantizar su idoneidad, fomentando a la vez la activación de las economías locales. Del mismo modo, las organizaciones miembro de esta Coordinadora sólo están enviando a la zona afectada personal experimentado y con formación expresa para catástrofes de este tipo. En cuanto a las personas interesadas en la adopción urgente o el acogimiento de niños haitianos, la Coordinadora estima que en este momento es difícil determinar la verdadera situación familiar de los menores y, por tanto, los esfuerzos se centran en atender a los niños en el propio terreno, a la espera de que se lleven a cabo, si procede, programas especiales bajo parámetros que garanticen los derechos de los niños y el total control de las gestiones.
La Coordinadora ONGD-España ha habilitado un espacio en su web www.coordinadoraongd.org con información detallada sobre el trabajo de las organizaciones miembro presentes en el terreno. Recordamos que estas ONGD se comprometen con los códigos éticos y criterios de transparencia y rendición de cuentas establecidos por la Coordinadora. Agradeciendo su apoyo, animamos a la sociedad civil española a seguir informándose y apoyando el trabajo de las organizaciones en ésta y otras tareas.
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