miércoles, 28 de abril de 2010

DECALOGO DE BUENAS PRACTICAS URBANISTICAS « La Ciudad Viva

Es un común denominador en los artículos que se publican en La Ciudad Viva la idea de que una de las opciones más sensatas para nuestras ciudades es rehabilitar en vez de seguir construyendo. Este planteamiento además de ser la opción más sostenible, también es la que genera una mayor calidad de vida. Aún así, con la entrada de hoy, e inspirados por las “recetas” que nos traían Suju desde Holanda hace unos días, nos vamos a aventurar en buscar un decálogo para que cuando se decida hacer crecer nuestras ciudades y pueblos, pudieran mantener una estructura urbana digna y lo más humana posible.
Así que si se decide crecer, vamos a intentar ver qué ideas fundamentales deberían estar siempre presentes. Pensamos que si estas estrategias se llevasen a cabo evitarían más de un desastre urbanístico de los que nos rodean a cada paso que damos.
1. Si hay que crecer, por lo menos que sea en ALTURA. En vez de expandirnos como una balsa de aceite, con urbanismo de baja densidad y ocupando demasiado suelo (muchas veces productivo de cultivos), mejor hacerlo de manera compacta y con un gasto mínimo de territorio para no generar grandes inversiones en servicios e infraestructuras.
2. Que nuestras ciudades sean COMPLEJAS (que no complicadas) y puedan ser capaces de provocar un elevado intercambio de información entre sus agentes, dando oportunidad a la mezcla tanto cultural como de usos.
3. No parece tan difícil, elegir los terrenos más lógicos para consolidar nuestros cascos urbanos (no por donde diga el mercado inmobiliario, ni el primo del concejal), buscando TOPOGRAFÍAS sencillas y las mejores ORIENTACIONES.
4. Devolver el protagonismo al peatón, facilitar el TRANSPORTE PÚBLICO, fomentar vías de velocidad reducida y que la bicicleta, de una vez por todas, se convierta en un medio real y seguro de transporte por la ciudad.
5. EQUIPAMIENTOS COMEDIDOS Y ESTUDIADOS. Sin derrochar las subvenciones que llegan a cada municipio del dinero público, que por ser de todos debiera ser el que mejor se administrara. Construir los edificios justos y bien repartidos (evitando su concentración) para fomentar el espíritu y sentimiento de identidad del ciudadano de cada barrio.
6. VIVIENDAS ASEQUIBLES, lógicas y sencillas. Potenciando la vivienda en alquiler y que sean proyectadas por los mejores arquitectos y no por los que estén al servicio del promotor de turno.
7. Zonas verdes bien distribuidas, donde esté muy presente el contacto con LA NATURALEZA. Provocar áreas ajardinadas (a ser posible a modo de corredores) con especies autóctonas, que necesiten poco mantenimiento y gasto de agua.
8. Priorizar el ESPACIO PÚBLICO como foco de la interacción de la población, dando prioridad al concepto de multifuncionalidad. Se debe adquirir conciencia clara de que las calles, parques y plazas, no es que no sean de nadie, sino que son de todos. Por tanto, cada uno de nosotros es propietario de la parte que le corresponde, así que debemos cuidarlas y disfrutarlas como la parte más importante de nuestro patrimonio.

9. No es lógico que haya una sola cabeza (supuestamente iluminada) que decida cómo se ha de hacer todo en nuestras ciudades. Hoy, la ciudad es un complejo organismo en el que hace falta la colaboración entre DISTINTAS DISCIPLINAS: sociología, paisajismo, ecología, economía, biología… y por qué no decirlo, también arquitectura, cierto es, pero como una más, no como la más importante de todas ellas.
10. Parece sensato abogar por técnicos responsables, educados en un urbanismo específico del siglo XXI, donde se propongan opciones más humanas y sostenibles, que den cabida al ciudadano en procesos de PARTICIPACIÓN, y donde los canales de comunicación sean eficaces y transparentes. Y por supuesto, soñar con unos políticos sensibles a las necesidades reales del pueblo a quien representan y por quien han sido elegidos. Aquí, las nuevas redes sociales tendrán mucho que aportar.


Si esto se hiciera realidad, ya verían como no haría tanta falta seguir hablando sobre sostenibilidad. Cada vez estamos más convencidos de que cuando el urbanismo tiene una verdadera lógica y se hace con cierto sentido común, da lo mismo llamarle eco-urbanismo, que urbanismo sostenible, que buen urbanismo.
Y puestos a soñar, cuéntennos sus sueños (o pesadillas) para ver si entre todos somos capaces de arrojar un poco de luz a semejante entuerto.
Autores: Stepienybarno

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